Jueves 20 de Febrero de 2020
 11/02/2020 -  CRISIS DEL CORONAVIRUS
La crisis del coronavirus de Wuhan destapa la capacidad de vigilancia masiva de los Estados

Australia y Corea del Sur rastrean los móviles de los pacientes para localizar los lugares en los que pudieron propagar la enfermedad


Saber quién ha estado en contacto con afectados por el coronavirus de Wuhan es clave para frenar el contagio. Y para ello es indispensable que las autoridades sepan dónde estuvieron las personas enfermas antes de ser puestas en cuarentena. Hace solo unos años, trazar por dónde se había propagado un virus era una tarea casi imposible. Pero hoy hay un dispositivo que permite automatizar la localización de las personas con escaso margen de error: su teléfono móvil. Un dispositivo que, además, ni miente ni olvida.





El uso de los datos de localización por los gobiernos ha sido tradicionalmente algo misterioso. Técnicamente se puede hacer, pero no está tan claro cómo se hace ni con qué frecuencia. China siempre ha estado varios pasos por delante en vigilancia masiva, pero ahora incluso presume de su capacidad y perfeccionamiento. Sin embargo, también países como Australia o Corea del Sur han demostrado en esta crisis sanitaria la facilidad con la que un Estado puede mirar por dónde ha pasado el propietario de un número de teléfono. La aceptación tácita de que todo vale ante una emergencia como el coronavirus supone un paso más en la resignación a que los movimientos de nuestras vidas estén a disposición de las autoridades.


En enero llegó a Adelaida (Australia) una pareja de chinos de Wuhan, epicentro de la enfermedad. Tenían 60 años y habían ido a visitar a unos familiares. Ambos dieron positivo por el coronavirus. Las autoridades sanitarias no aclaraban por dónde habían pasado. Uno de los problemas eran las trabas lingüísticas, ya que la mayoría de países siguen obteniendo estos datos a través de entrevistas. Pero en Adelaida tenían prisa. "No habían sido aislados cuando empezaron los síntomas, así que era muy importante reunir tanta información como fuera posible", dijo a la radio local ABC la jefa de Salud Pública de Australia del Sur, Nicola Spurrier.


La policía apareció para ayudar. Con el número de teléfono les bastaba para conocer los lugares por donde habían pasado recientemente. "Se usa con bastante frecuencia en investigaciones criminales", dijo el comisario Grant Stevens, aunque reconoció que era un recurso excepcional. Esta vez, según Stevens, podía usarse porque había "circunstancias que amenazan vidas". Pero el problema de este criterio es su aleatoriedad.


Las autoridades de Australia del Sur lograron trazar el camino seguido por los infectados a través de las operadoras de móvil. Da igual si el usuario tiene la localización desactivada en su teléfono: capta los lugares por las llamadas periódicas entre el móvil y una antena. El sistema es similar al que provocó una polémica en España el pasado octubre cuando el Instituto Nacional de Estadística pactó con las operadoras seguir la pista de todos los móviles de España durante ocho días. Esas localizaciones quedaron archivadas, la única cuestión es cuándo es legal acceder a ellas y cómo.


En Australia las autoridades alegaron además otra excusa: Corea del Sur ya lo estaba haciendo. Allí había este domingo 27 casos. Pero mucho antes las autoridades decidieron compartir con los ciudadanos el rastro de todos los afectados. Un estudiante creó incluso un mapa con el recorrido exacto de cada afectado gracias a datos oficiales. En unos días tenía más de 8 millones de visitas en un país de 51 millones de habitantes. 


"Rastreo de contactos es una de las expresiones más célebres estos días en Corea del Sur", dice una periodista de Arirang News en un informativo. "Sirve para rastrear el historial y las localizaciones visitadas por un paciente infectado con coronavirus: restaurantes, hoteles, cómo llegó o qué línea tomó o número de bus", explica. En los mapas se ve esta información.


Australia y Corea del Sur son los únicos países en los que de momento ha trascendido este uso de los datos para la vigilancia. Pero eso no implica que sean los únicos. “Como herramienta existe y se puede usar. Pero en un tema así, donde la petición es de las autoridades sanitarias, no está previsto en la ley”, dice David Maeztu, abogado experto en derecho de Internet. “Habría que ver qué dicen los tribunales, porque sería siempre algo que necesitaría autorización judicial”, añade. China, en el centro de la epidemia, ha ido más allá con métodos sorprendentes. La censura en redes sociales es solo el aperitivo.


Un ciudadano de Hangzhou, cerca de Shanghái, recibió una llamada de la policía porque habían detectado su matrícula en Wenzhou, en la costa, que había tenido un pico de casos de coronavirus. Le pidieron que no saliera de casa, según cuenta Reuters. A los 12 días, aburrido, el hombre salió. Una cámara de reconocimiento facial le detectó y llamaron a su jefe en el trabajo para que le advirtiera.


China ya ha desplegado un programa piloto que emplea sensores que detectan la temperatura de la gente que sale del metro. Puede analizar hasta a 15 individuos cada segundo. Luego un agente hace una comprobación manual del sospechoso. Hay empresas que trabajan también para que el sistema de reconocimiento facial funcione con máscaras. El desbloqueo facial de los móviles, por ejemplo, no funciona con la nariz cubierta.


En China este manejo de datos a gran escala no es algo que se oculte. La operadora China Mobile avisó a sus usuarios con un mensaje hace unos días de que podían comprobar su localización de los últimos 30 días, también según Reuters. Les podía servir si debían demostrárselo a alguien.


Es improbable que todos estos sistemas basten por sí mismos para frenar un brote tan grave. Por ello el Gobierno de Pekín ha recurrido a sistemas de otras épocas de vigilancia tradicional, como el control de entradas y salidas de otros ciudadanos o los agentes que tiene el partido en muchos barrios e incluso portales, según informa The New York Times.



Pero es espectacular el despliegue de medidas inéditas que va a ponerse en marcha a cuenta de esta crisis. El medio oficial Global Times publicó un vídeo en el que desde un dron se hablaba a ciudadanos que no llevaban máscara o estaban fuera de su domicilio habitual, en distintos lugares del país. Les hablaba, además, en directo: "Oíd, vosotras, chicas guapas que vais andando y comiendo, poneos por favor las máscaras, podréis comer cuando lleguéis a casa", o "abuelo, ¿por qué no lleva aún una máscara?" El señor se sorprende y sonríe: "No se ría, venga dese prisa y váyase a casa".


Según dos medios chinos citados por The Wall Street Journal, la Administración de un municipio cercano a la macrourbe de Chongqing fue capaz de identificar a más de 5.000 personas que habían estado en Wuhan, sin especificar cómo. En la provincia de Zhejiang, junto a Shanghái, fueron capaces de demostrar que un paciente mentía cuando decía que no había interactuado con nadie: al menos lo hizo con otras tres personas.


El goteo de revelaciones vinculadas al coronavirus coincide con la noticia de la compra de bases de datos comerciales que rastrean los movimientos de millones de móviles en Estados Unidos por parte del Gobierno, según una exclusiva también de The Wall Street Journal. Son datos que puede utilizar la Administración de Trump para ver quién se mueve por zonas poco transitadas de la frontera mexicana.


La clave en todos estos procesos es la facilidad de acceso a los datos sin pasar por un juez. En una célebre sentencia del Tribunal Supremo norteamericano de 2018, el magistrado John Roberts escribió: "Cuando el Gobierno rastrea la localización de un móvil logra una vigilancia casi perfecta, como si hubiera atado una pulsera monitorizadora en el tobillo del usuario del móvil". La conclusión del texto era que el Gobierno no podía acceder a datos de localización sin orden judicial.



 

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