Viernes 11 de Septiembre de 2026
 11/09/2026 - Columna
Ayer, hoy y mañana

En la segunda mitad del siglo XIX la novísima Nación Argentina no escapaba a las generales de la ley no escrita del orden mundial. Clases educadas, minorías, que manejaban la res pública y los grandes negocios privados. Debajo, las masas analfabetas o apenas instruidas; mano de obra barata, muchos de ellos y ellas al nivel de los siervos de la gleba del antiguo feudalismo. Un hombre tan genial como controvertido, Domingo Faustino Sarmiento, encabezaría una revolución sociocultural sin parangón en el mundo al promover un desarrollo en la educación con miras a desarrollar una sociedad más justa a partir del conocimiento. En ese país que a tientas salía de pulseadas caudillescas y matanzas por doquier, ese sistema convertiría al país en uno de los tres primeros en contar con educación gratuita e incentivada a toda la población.



En el siglo XX, a la vez que millones de inmigrantes de la Europa hambreada llegaban al sur ubérrimo - en muchos casos, iletrados y 'con una mano atrás y otra adelante', como solía decirse - para encontrar posibilidades impensables entonces en sus tierras de origen. En 1915 una maestra, Matilde Filgueira de Díaz, propuso la utilización de guardapolvos blancos desde la escuela Cornelia Pizarro de la ciudad de Buenos Aires. Una medida brillante que en 1919 el gobierno del doctor Hipólito Yrigoyen aconsejó de manera oficial. De esta manera se disimulaban las diferencias entre alumnos humildes y acomodados. A la vez se lograba un interesante sentido de pertenencia. Hacia 1942 el uso era obligatorio para educadores y educandos, verdadero orgullo nacional en un país joven con escolaridad primaria laica, gratuita y obligatoria.
Esa impronta sarmientina convertiría a las generaciones que siguieron en faro y admiración de hermanos y hermanas latinoamericanos durante más de cien años. En todo el subcontinente hispanohablante las publicaciones argentinas eran recibidas con ansia, afecto, y aún con algo de celos. Libros, revistas, folletos. Nuestras universidades nacionales, antes elitistas, asistían al fenómeno de 'M'hijo el dotor', como definió el gran Florencio Sánchez. En el tango de Gardel, Giuseppe el zapatero entre eh tiques tuques tacas remendones pondrá en la puerta la chapa de médico de su hijo. Ascenso social ascendente, diríamos hoy.
¿Qué pasó para que ese impulso meritocrático se asiente en los alarmantes resultados actuales? ¡No sólo en las pruebas PISA! También en el día a día con rumbo incierto, en el que no sólo son pocos los que terminan los estudios superiores (esenciales en los tiempos que corren) sino que esa debacle se nota en generaciones en su mayoría ajenas a la buena lectura, el buen decir y el cálculo sencillo.
¿Qué pasó desde La noche de los bastones largos (julio de 1966) para acá? Nuestro decrecimiento cultural - más allá de las grandes excepciones - es inversamente proporcional al desarrollo de otros países que allá por los mil novecientos setenta y piquito todavía nos miraban de abajo hacia arriba.
¿Cómo será nuestro mañana con el panorama que se nos presenta hoy?¿Seguiremos siendo ese país con 'un gran pasado por delante', como ironizan los que saben?
Buena pregunta.


 A. Hermann Morgner


DIARIO OPINION DE LA COSTA
PROPIETARIO: Mariano Alberto Bobryk
PROPIEDAD INTELECTUAL: RL-2019-11428956-APN-DNDA#MJ
Av. San Bernardo 1617 - San Bernardo del Tuyú
Partido de La Costa - Buenos Aires - Argentina
(C) 2024