15/03/2022 -


 13/05/2022 - Nacionales
Cayó un 40% el número de personas inscriptas para adoptar

En los últimos años se redujo drásticamente el número de postulantes adoptivos para niñas, niños y adolescentes. Entre las causas están la pandemia, el acceso más frecuente a tratamientos de fertilización y la decisión de encarar un proyecto de vida sin hijos. Además solo una de cada 100 personas inscriptas estaría dispuesta a adoptar un niño de 12 años o más.




Más de 600 niñas, niños y adolescentes esperan ser adoptados en la provincia de Buenos Aires. El número no parece inabarcable si se tiene en cuenta que en la Argentina hay unas 2.500 personas inscriptas como potenciales adoptantes y que casi la mitad pertenecen al registro bonaerense.
Sin embargo, hay dos factores que hacen que aquí la matemática no pueda aplicarse de forma lineal: el primero es que quienes están anotados, en casi el 90% de los casos, quieren bebés de hasta un año, mientras que las infancias en situación de adoptabilidad tienen, en promedio, 8 años; además, muchos poseen algún problema de salud y son parte de grupos de hermanos.
El segundo tema es que el número de legajos nacionales bajó considerablemente en los últimos cinco años: En 2018, había 4900, casi un 50% más que en la actualidad, a la vez que la cifra de chicas y chicos que aguardan una familia –y sus edades y características– se mantuvo más o menos constante.
Por la envergadura del registro bonaerense, el impacto de la disminución de postulantes para adoptar con alta definitiva preocupa y mucho. Hay un 40% menos de inscripciones firmes en la Provincia: mientras en 2018 había 1.778 legajos, en mayo de 2022 son 1.041.
“Obviamente, son menos cantidad de familias disponibles para evaluar en términos de compatibilidad con los niños, niñas y adolescentes para los que trabajamos”, advierte Claudia Portillo, directora del Registro Central de Aspirantes a Guarda con Fines de Adopción de la provincia de Buenos Aires. La funcionaria explica que se necesita gran variedad de postulantes porque en esa heterogeneidad “se va a poder encontrar a quien sea más compatible con esos chicos a los que hay que restituirles un derecho”.
Es decir, la consecuencia es directa: cuanto menos inscriptos, menos oportunidades para algunos niños, niñas y adolescentes. Acá sí las relaciones numéricas funcionan, “porque la tendencia que sí se viene sosteniendo es que la mayoría de los interesados en adoptar se postulan para chicos muy pequeños y sanos. De esta manera bajan las posibilidades para los más grandes”, añade Portillo. Además, explica que esto se traduce la representación geográfica.
En la misma línea, el Director Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), Juan José Jeannot, detalla que la situación se replica en la red federal. Frente a esta realidad, agravada por la pandemia, Jeannot aclara que “no solo interesa que el número aumente en relación a lo cuantitativo sino a lo cualitativo, es decir, que sean personas que realmente respondan a las necesidades de quienes están en situación de adaptabilidad: niñas, niños y adolescentes más grandes, grupos de hermanos y chicas y chicos con discapacidad”.
Ante la pregunta de por qué creen que bajaron las inscripciones, hay coincidencia en que la interrupción causada por el Covid-19 tuvo un alto impacto. Jeannot señala que “hizo que se acercaran menos personas a los registros, más allá de que todo siguió funcionando de manera online”. Y Portillo agrega que “la pandemia generó una sensación de inseguridad en cuestiones económicas, replanteos de proyectos familiares, reformulación de las parejas, también cambios en las situaciones habitacionales”.
Otro motivo puede estar en la actualización que se viene haciendo de toda la base de datos de la Red Federal de Registros, lo que implica chequear legajo por legajo. “Los equipos se han ido profesionalizando en la escucha, en ver si realmente existe ese deseo de paternar y maternar niños, niñas o adolescentes a través de la adopción”, describe el director de la DNRUA.
En este sentido, Portillo hace hincapié en que se pone más el acento en aspectos que antes no se tenían tan en cuenta, como por ejemplo, “amplitud y sensibilidad, abordaje de la identidad, cuestiones que se evalúan ahora más certeramente para garantizar que estas personas tengan esa capacidad parental adoptiva, y que sean saludables y duraderas”.
A la vez, hay algunas causales externas que la directora provincial se plantea a modo de análisis. “El mayor acceso a las técnicas de fertilización por parte de la comunidad que antes resultaba prohibitivo, ha generado muchas bajas por nacimiento de hijos”, señala Portillo. También se refiere a cómo empezaron a jugar de otra manera los imperativos sociales referidos a la maternidad: “Ya no son tales, entonces hay muchas mujeres que han elegido no hacerlo y plantean un proyecto de vida sin hijos”.
Aspiración
versus realidad
“¿Para qué me voy a anotar si nunca me van a llamar?”, “es imposible adoptar”, “el sistema te termina expulsando”. Ese tipo de frases comunes resume uno de los principales mitos que sigue circulando y que lleva a que muchas personas desestimen inscribirse.
¿Qué es lo que sucede en realidad? Todo se centra básicamente en lo que los especialistas llaman “disponibilidad adoptiva”, que es el punto donde las personas elijen hasta qué edad estarían dispuestas a adoptar y si aceptarían a alguien con algún problema de salud o discapacidad o a un grupos de hermanos.
El director de la DNRUA señala que la mayoría de quienes se inscriben tienen voluntades adoptivas muy acotadas. “Una de cada 100 personas inscriptas estaría dispuesta a adoptar un niño de 12 años, mientras que si pensamos en bebés, son nueve de cada diez”, grafica Jeannot y dice que ese es uno de los temas que más lo ocupa de su gestión: trabajar para ampliar esa disponibilidad.
En este sentido, Pablo Raffo, titular del Juzgado de Familia N° 2 de San Miguel, aporta su experiencia diaria. “Se nota mucho la baja de inscriptos a la hora de encontrar candidatos que se adecuen a las necesidades de los chicos y chicas que tenemos en situación de adaptabilidad, que son en su mayoría casos niños más grandes y hasta de 17 años”, afirma. El magistrado pone un ejemplo concreto: “Llegan 20 legajos y ahí el equipo técnico empieza a llamar y se encuentra con que, de todas esas carpetas, probablemente ninguna se adecúe”.
Los especialistas insisten en que si hay voluntad adoptiva amplia, rápidamente se da la convocatoria. Entonces, mucho del tiempo de espera de los adultos depende del proyecto adoptivo que cada quien plantee. “Claro que cada cual tiene el derecho de optar por el proyecto que quiera, pero hay que conocer los datos de la realidad para tomar decisiones acordes”, resume Portillo.
Por eso, a quienes se inscriben con voluntades adoptivas amplias, a veces en una misma semana los llaman hasta tres o cuatro veces. Para difundir esos casos, hay varias familias que con el hashtag #AdoptenNiñesGrandes comparten sus historias y experiencias en Twitter.
“Queremos seguir visibilizando, salir a dar esta información, justamente para derribar mitos y que la gente se anime”, asegura Jeannot. Y Portillo enumera otros aspectos muchas veces desconocidos: no hay que contar con un abogado, salvo para el final del proceso en algunas jurisdicciones e incluso puede tramitarse uno gratuito; no hay que ser propietario ni tener ingresos muy altos, sino poder garantizar los gastos que lleva la crianza de un niño o una niña; si es una pareja, pueden trabajar los dos o no; y todas las personas pueden inscribirse: solas –de todos los géneros e identidades–, matrimonios igualitarios o familias con hijos.
“Es importante que todas las conformaciones familiares estén presentes en el registro porque hay muchos niños, niñas y adolescentes que los esperan. Adoptar es sencillo, posible, rápido y es gratuito”, concluye Portillo. n


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