Miercoles 22 de Abril de 2026
 22/04/2026 - Nacionales
Rinoplastia: por qué no todo es estética y qué hay detrás de los problemas para respirar

Especialistas advierten que muchas consultas por la forma de la nariz esconden dificultades funcionales no diagnosticadas. La evaluación integral, clave antes de una cirugía.



La cirugía de nariz suele asociarse, en primer lugar, con una cuestión estética. Sin embargo, detrás de consultas por una giba, una punta caída o una asimetría, también pueden existir problemas respiratorios que muchas personas arrastran durante años sin prestarles atención.
Dormir con la boca abierta, roncar o sentir que entra poco aire son señales frecuentes que tienden a naturalizarse, aunque pueden indicar un funcionamiento deficiente de la nariz. Este órgano no solo define el perfil del rostro, sino que cumple un rol central en la respiración: filtra, humedece y regula la temperatura del aire antes de que llegue a los pulmones. Cuando ese proceso falla, las consecuencias pueden ir más allá de lo visible.
“La nariz no debe pensarse solo desde la forma. Es una estructura estética, pero también funcional, y ambas dimensiones están completamente relacionadas”, explicó la médica otorrinolaringóloga Ana Cofré, en un informe difundido por la Agencia Noticias Argentinas.
Entre los problemas más comunes aparece la desviación del tabique, que puede dificultar el paso del aire y afectar la ventilación nasal. En algunos casos, esta obstrucción se traduce en trastornos del sueño, ya que obliga a respirar por la boca durante la noche. Según especialistas, muchas personas tienen algún grado de desviación, aunque no siempre presentan síntomas.
En paralelo, la rinoplastia se mantiene entre las cirugías estéticas más realizadas a nivel global. Datos recientes indican que se practican alrededor de un millón de procedimientos por año, lo que la ubica entre las intervenciones faciales más demandadas.
Uno de los puntos clave que señalan los profesionales es que no siempre el motivo de consulta coincide con el origen del problema. Una persona puede buscar modificar la forma externa de la nariz y, al mismo tiempo, presentar alteraciones internas como hipertrofia de cornetes, colapso de la válvula nasal, pólipos o sinusitis.
Por eso, la evaluación previa resulta determinante. Si el análisis se limita al aspecto estético, puede resolverse lo visible y dejar sin tratamiento el componente funcional. Además, cualquier intervención que modifique la estructura nasal puede impactar en la respiración, incluso empeorarla si no se planifica de manera integral.
Respirar mal no es un problema menor. A largo plazo, puede afectar la calidad del descanso, generar ronquidos y alterar la vida cotidiana. En algunos casos, también se vincula con trastornos del sueño que requieren abordajes específicos.
En los últimos años, surgieron nuevas técnicas como la rinoplastia ultrasónica, que permiten trabajar el hueso con mayor precisión y menor impacto en los tejidos. Esto puede reducir la inflamación y mejorar el postoperatorio. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la tecnología no reemplaza el diagnóstico médico.
El enfoque actual apunta a entender la nariz como una unidad en la que conviven forma y función. La tendencia es evitar resultados que mejoren la estética pero perjudiquen la respiración, y avanzar hacia intervenciones que contemplen ambas dimensiones.
Así, la decisión de una rinoplastia deja de ser solo una cuestión de apariencia y pasa a incluir un aspecto central: cómo va a respirar el paciente después de la cirugía.


 


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